Libro de restauración de la Real Universidad 1683
Libro de restauración de la Real Universidad 1683 COL. Rodrigo Rivero Lake

La Real Universidad de México

La desgracia y la destrucción han acompañado a nuestra querida ciudad que es una de las que más daño ha sufrido en su patrimonio artístico y arquitectónico. Hoy lo más trágico de todo esto, es el abandono que tiene la famosa fuente de la Tlaxpana en el mero centro de Chapultepec...

La desgracia y la destrucción han acompañado a nuestra querida ciudad que es una de las que más daño ha sufrido en su patrimonio artístico y arquitectónico. Hoy lo más trágico de todo esto, es el abandono que tiene la famosa fuente de la Tlaxpana en el mero centro de Chapultepec, rodeada  de una cerca, en calidad de basurero, partida en dos y con un deslave de siglos y en total abandono,  nos aqueja que pueda ser demolida en cualquier momento por la terrible incultura y falta de orgullo de lo que es ser mexicano por parte de la destrucción que hoy esta sufriendo nuestro ancestral bosque de Chapultepec en aras del ego de un pésimo artista de moda al cual se le ha conferido en forma vergonzosa la dirección de la destrucción y deforestación de nuestro bosque -

En nuestro verdaderamente hermoso casco del Centro Historico de la Ciudad de México encontramos maravillosos edificios y palacios, los cuales, le merecieron a la capital virreinal novohispana el calificativo de “La ciudad de los palacios” mismo que le dio el célebre barón Alexander von Humboldt.
La desgracia y la destrucción han acompañado a nuestra querida ciudad que es una de las que más daño ha sufrido en su patrimonio artístico y arquitectónico. Terribles momentos, acontecimientos, y leyes provocaron que esta increíble destrucción fuera tan  acertada y exitosa.  Ejemplo de ello, son las leyes que bajo la presidencia de Juarez mando quitar todos los escudos que engalanaban desde la Catedral, Palacios y casas solariegas posteriormente las leyes de  Anastasio Bustamante fueron ejecutadas  con severidad y que sabemos venían ya con anterioridad desde el fin de la época colonial, las cuales obligaban a quemar los cuartos, con todo su contenido, de las personas muertas dentro de la Ciudad de México, de las cuales se desconociera la causa que les había llevado a la muerte, por diversas pandemias que aquejaron por siglos nuestra bella ciudad.
Destrucciones similares fueron de la mano con las terribles guerras internas que han afectado a nuestra querida nación, con el sanguinario y fraterno movimiento de independencia, el cual por pertenecer políticamente a un determinado bando conllevaban a familias a estar divididas entre sí, como en cualquier guerra civil. Las invasiones estadounidense y francesa, la destructiva revolución inventada y manejada por los intereses estadounidenses hasta la desgarradora guerra cristera que tantos templos destruyó. No podemos dejar pasar por alto la enorme ignorancia del clero y de la rapiña que tanto mal ha causado y sigue mermando nuestro patrimonio. En este Centro Histórico, junto a nuestra capital metropolitana, centro neurálgico del desarrollo religioso, urbano, político y social de la capital virreinal -y podríamos decir del país entero- encontramos en su esquina inmediata las calles de Moneda y Seminario, una austera construcción, casa que fuera el asiento de la primera Universidad de México, primera en America, creada en 1551 y a la cual se le otorgó el título de Real en 1553.

Por un original legajo que poseo sobre la obra de restauración en este edifico, sé que para el año de 1683 el inmueble se encontraba en franco deterioro lo cual obligó a Don Juan de Narváez, rector de la ilustre universidad, catedrático propietario de Sagrada Escritura en la misma, a levantar un acta el 18 de Julio de 1682, la cual poseo, declarando y dando testimonio de que este local estaba amenazado de franca ruina, misma que es ampliamente detectada y manifiesta por los diversos catedráticos del plantel, y es por ello que llamó a los alarifes maestros de arquitectura Juan Montero, apareador mayor de la fábrica de material de la santa catedral de esta Ciudad de México y a Don Antonio Mexia, maestro de arte y veedor en comisión, para supervisar y dar fe de este deterioro, los cuales determinaron que siendo llamados para ver y reconocer . . . “hallamos esta dicha fábrica, muy deteriorada, podrida toda la más madera, desta que a peligro que suceda una ruina . . . “ (10 de julio de 1682).
Llegaron a la conclusión de restaurar la Real Universidad, la cual está en franca ruina, evitando así que este mal se acreciente. Los arquitectos del doctor Narváez recibieron la increíble cantidad de 2,358 pesos y seis tomines para efectuar la obra y en el transcurso de treinta y seis semanas debía terminarse por lo cual “se llevará esta estricta cuenta donde se tendrá control de todos los gastos en peones, carpinteros, excepto las obras concertadas a destajo que bien se comprenden en el libro anexo de partidas especiales, donde entrarán las labores de maderas como bancas, banquillos, estrados, etc…, pinturas y el empedrado del patio”

Seguimos con gran interés la obra de construcción, la cual tenemos escrita y descrita por los pagos semanales efectuados, viendo el nombre de los peones y maestros como el mismo maestro Antonio Mexia, que se le pagaban 7 pesos semanales y al peón Juan de los Reyes con comidas, un peso, seis tomines, los especialistas en aplanar paredes y en todos los materiales y gastos hechos.
Se decidió levantar dos varas los techos de los cuartos para “quedar bien parecidos” y permitir mejor concentración entre los alumnos, cosa que por desgracia está ahora ausente en las reglas de construcción de los departamentos modernos -hoy vemos que la altura máxima para departamentos de 3 pisos es de 9 metros lo cual lleva a problemas psicológicos por el hacinamiento que causan en los moradores los techos bajos y que vemos a asociaciones nocivas, como por ejemplo, Vecinos de Polanco, donde los dirigentes no permiten que estas nuevas construcciones tengan un centímetro más de los 9 metros fijados por el reglamento.
Se contrataron pintores rotulistas para que en las aulas existieran pinturas y frases de los santos escritores, junto con pinturas “honestas” sobre las paredes blancas. En la esquina misma de la universidad dejaron a renta un local para una tintorería por donde estaría la entrada al corral, lo que hoy podemos imaginar como el estacionamiento para los caballos.
Se mandó pintar una virgen de la Concepción para la sala de actos, con su marco estofado teniendo un costo de 66 pesos según el contrario que aparece con fecha del 6 de septiembre de 1675, firmado por el maestro pintor Diego Pedro de Esataradas quien pintó las cuatro esquinas. En 160 pesos fue comprado un gran reloj según el pago del 23 de Marzo de 1681, de los cuales, 60 pesos son los gastos de la anatomía y 43 pesos para su casa, dinero pagado por el Rector León Castillo.
Este tipo de documentos nos permiten entrar en una forma virtual a las obras, conocer los materiales de los cuales se componen, las vicisitudes que la construcción llevó, la altura y proporción de los cuartos lo que sobre las paredes se escribía y de qué colores, saber qué necesidades de la época eran consideradas como el estacionamiento para los caballos y la posición del reloj, la hornacina en la esquina con la imagen de la Virgen de Guadalupe, en fin, nos permite entrar y casi sentarnos a escuchar las sabias palabras de los maestros que con gran esmero enseñaban el conocimiento universal de la época para transmitirlo y preparar a los señores mexicanos para poder llegar a ser la gran sociedad literaria y cultural que nuestra patria fue durante la época virreinal, la cual no debemos nunca de olvidar para que México no pierda su real estilo.

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